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Página 1 de 7 Sistemas deshumidificantes para el tratamiento de la humedad en muros del patrimonio edificado cubano y sus aportes al mejoramiento de la eficiencia energética, por: Gayoso Rosabal , David y Noemí Rivera Alés, Centro Técnico para el Desarrollo de los Materiales de la Construcción (CTDMC)
(Visite también) Introducción
Con la apertura y auge de las construcciones, específicamente en el sector emergente del turismo que comprende el rescate del patrimonio de interés histórico y algunas obras de la batalla de ideas se aplican desde hace algunos años una variante de las soluciones técnicas desarrolladas por la práctica internacional para el tratamiento de los severos daños que por humedad tienen lugar en el patrimonio edificado. Los desordenes provocados en muros por la humedad han estimulado durante años la libre innovación mediante el empleo de infructuosas prácticas con el objetivo de erradicar semejante mal de las construcciones. Los sistemas deshumidificantes son de amplio conocimiento entre los sectores especializados que se dedican a la restauración y rehabilitación de obras. La existencia de estos procedimientos permite afrontar del mejor modo posible la importantísima problemática que nos presenta la humedad a través de sus disímiles patologías y lesiones que comúnmente presentan los muros cuya desfavorable ramificación atenta contra las actuales exigencias de durabilidad, confort y habitabilidad fisiológica que deben brindar las estructuras al hombre. En Cuba radican firmas que promocionan, venden y en algunos casos aplican estos sistemas deshumidificadores y termodeshumidificadores. En el caso de estos últimos los bajos valores de conductividad térmica presentados de acuerdo con la naturaleza de sus componentes evitan la formación de condensación en las capas del muro mediante un mejoramiento de sus condiciones higrotérmicas. El evitar este tipo de humedad sea del tipo intersticial o de superficie es una necesidad ineluctable para el buen estado técnico general de la envolvente habitacional que contienen, por así decirlo, nuestro inmediato entorno. Recientemente especialistas del Centro Técnico para el Desarrollo de los Materiales de Construcción en coordinación con la Dirección de Desarrollo Tecnológico del Ministerio de la Construcción concluyó un peritaje técnico a obras de entre cuatro y diez años de aplicados estos sistemas para evaluar su efectividad técnico-económica en el tiempo. Se espera, como resultado de este trabajo una toma de conciencia acerca de los peligrosos problemas que por humedad acarrean nuestras estructuras, así como ayudar a comprender los fundamentos esenciales que rigen estos sistemas propuestos como una solución técnica sencilla y viable al patrimonio afectado por estos perturbadores fenómenos. Cuantiosa literatura se ha escrito de acuerdo con la experiencia secular y el desarrollo científico -técnico alcanzado en la construcción para combatir la presencia de la humedad mediante el empleo de soluciones técnicas resultantes de leyes físico-químicas. Acometer con éxito semejante empresa ha sido objeto de constante preocupación y experimentación entre especialistas del sector y universidades politécnicas internacionales. La temática ha sido pues, bien extensa con algunas particularidades específicas de acuerdo con las regiones y sus comportamientos climáticos pero sin grandes diferencias a la hora de aplicarlas para el control de la humedad en obras. Estas técnicas hoy bien definidas de acuerdo con sus características y modo de intervención se recogen en la bibliografía especializada como: LA PRESENCIA DEL AGUA EN LAS CONSTTRUCCIONES En nuestro sector la imprescindible presencia del agua queda evidenciada por su cotidiano empleo en casi la totalidad de los procesos industriales o in situ que intervienen en la producción de los elementos estructurales de construcción. Su controlada inclusión garantiza una mayor facilidad de conformación y colocación de mezclas de hormigones y morteros gracias a su propiedad lubricante o a esa exclusiva propiedad de garantizar la reacción de aglutinantes inorgánicos y agregados en su presencia húmeda o bien, como agente natural de curado y en general su presencia directa o indirecta favorece la calidad, la funcionalidad y estética de las construcciones. No obstante, ciertas propiedades presentes en su naturaleza química la convierten paradójicamente en el peor enemigo para la conservación y durabilidad de las edificaciones como resultado de su negativo accionar en el exterior-interior de las tradicionales envolventes. Su gran poder de mojabilidad, sus cambios de estado bajo determinadas condiciones ambientales que favorecen su fácil penetración y su muy carácter polar que le confiere un alto grado disolvente la convierten en el vehículo idóneo para la transportación de peligrosas sales hidrosolubles y otras impurezas a través de la red capilar presente en los materiales de construcción muy porosos. Red que tiene precisamente su origen en el volumen de agua excedente que no se combina migrando al exterior por evaporación dejando a su paso estos irregulares conductos en la masa del material por donde habrá de infiltrarse nuevamente gracias a fenómenos físico-químicos que así se lo permiten. De acuerdo con la actividad destructora con que siempre se le identifica en la construcción, el agua ya como agente trasgresor es entonces aquel factor común presente en obras arquitectónicas del patrimonio mundial antiguo o moderno, majestuoso o simple que los iguala por la similitud de lesiones que es frecuente encontrar como: eflorescencias, biodeterioro, abombamientos y desprendimientos de pintura hasta los desplomes de extensas áreas de repello por fracturas a consecuencia de los movimientos dimensionales que por humedad experimenta el muro o el empuje tensional de sales que traerán pulvurulencias y exfoliaciones en ladrillos y mampuestos como efectos colaterales por libre exposición del elemento a los agentes del intemperismo. Por eso, uno de los mayores inconvenientes que puedan presentar las envolventes que protegen la vida humana de los inconvenientes climáticos es contar con su indeseada presencia. Los actuales incrementos de intervenciones a nuevas y viejas edificaciones afectadas por humedad así lo atestiguan. En obras jóvenes esta afectación tiene su causa fundamental en las incorrectas ejecuciones y violaciones de normas técnicas que garantizan las buenas prácticas constructivas. Una vez afectada la obra las incorrectas soluciones que se suceden para su erradicación en ausencia de un estudio-diagnóstico del problema empeoran aún más la situación originando nuevas lesiones causantes directas de importantes fallas estructurales en obras.
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